La transformación del espacio culinario en protagonista del hogar argentino trajo consigo cambios en la selección de materiales. El cuarzo emerge como alternativa preferida, desafiando la hegemonía histórica del mármol en las mesadas de cocina.
Las ventajas prácticas del cuarzo son contundentes. Este material artificial mantiene su integridad frente a impactos, derrames y cambios bruscos de temperatura, problemas frecuentes en cualquier cocina. El mármol, por su naturaleza porosa, requiere atención constante y aplicaciones periódicas de sellador para mantener su apariencia.
La oferta actual de cuarzo sorprende por su gama cromática. Los fabricantes desarrollaron acabados que imitan piedras naturales, texturas arenadas y paletas de color que se extienden más allá de lo que permitía el mármol. Esta flexibilidad estética permite que los diseñadores encuentren soluciones para cualquier proyecto.
El rol de la cocina cambió radicalmente en los últimos años. Pasó de ser un espacio funcional desconectado de la vida social a convertirse en un lugar de encuentro donde se reúnen las familias. Este giro implica que los materiales deben verse bien y funcionar mejor, requisitos donde el cuarzo se lleva claras ventajas.
Desde lo económico, aunque la inversión inicial puede ser similar, el análisis a largo plazo favorece al cuarzo. Su durabilidad y la ausencia de mantenimientos costosos compensen rápidamente la inversión inicial, algo que no ocurre con el mármol.
Expertos en diseño de interiores confirman la tendencia. Las propuestas contemporáneas priorizan materiales que combinen belleza con resistencia. El cuarzo satisface ambas demandas, mientras que el mármol se posiciona más como una opción nostálgica o de lujo selectivo.
El mercado de la construcción y el diseño de interiores ya reflejó este cambio. Constructoras y decoradores recomiendan cuarzo como la opción inteligente para cocinas que se usan intensamente.
Imagen: Anabella Castro / Pexels – Con informacion de La Nación





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