La caída registrada en julio en los precios de la carne abre un paréntesis de esperanza en el mercado ganadero argentino. Tanto los datos oficiales como los relevamientos privados coinciden en señalar esta disminución, aunque moderada, en los valores que enfrentan los consumidores.
Detrás de esta caída existe un factor estructural que no debe pasarse por alto: el precio de la hacienda. Es este valor mayorista el que funciona como motor de los cambios en las góndolas. Cuando baja el costo de los animales en el campo, es posible observar cierto alivio en los precios finales que paga el público.
¿Qué traerán los meses venideros? Los analistas del sector lanzan un mensaje tranquilizador para el corto plazo. Agosto y septiembre no mostrarían presiones alcistas, según las proyecciones disponibles. Esto significaría que la relativa estabilidad podría prolongarse al menos hasta el inicio de la primavera.
Pero el panorama cambia cuando el foco se desplaza hacia las festividades. A medida que se aproximan las celebraciones de fin de año, el mercado tiende a comportarse de manera diferente. La demanda estacional sube, y con ella, los precios. Los analistas prevén un posible repunte vinculado a esta mayor demanda de carne para las mesas navideñas.
El comportamiento futuro del mercado dependerá, nuevamente, de cómo evolucione el precio de la hacienda en los próximos meses. Este es el pulso que determina si los consumidores verán alivio o nuevas presiones en sus bolsillos. Por ahora, las expectativas para el corto plazo invitan a una cautela optimista, pero con los ojos puestos en lo que suceda cerca de las fiestas.
Imagen: Domenico Scaglione / Pexels – Con informacion de Clarín Rural






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