La mayoría de los argentinos ha perdido la fe en que la inflación bajará. Seis de cada diez ciudadanos sostiene que los precios seguirán aumentando, revelando un deterioro profundo en la credibilidad del proceso de desinflación que atraviesa el país.
Este diagnóstico es inquietante para las autoridades económicas. Mientras desde distintos espacios se comunican avances en la estabilización de precios, la población argentina manifiesta escepticismo generalizado respecto a que esos logros sean sostenibles o reales en sus efectos cotidianos.
La brecha entre la percepción oficial y la de los ciudadanos comunes radica en que la experiencia de compra es concreta e inmediata. Supermercados, verdulerías, panaderías: en todos lados los precios siguen subiendo visiblemente. Esa realidad de todos los días desacredita cualquier discurso sobre desinflación, por más fundado que sea en indicadores macroeconómicos.
El fenómeno plantea un círculo problemático. Si los argentinos no creen que bajarán los precios, anticipan sus compras y consumen más ahora, presionando la demanda hacia arriba. Con más demanda, los comerciantes tienen menos motivos para bajar precios. La desconfianza, entonces, se convierte en un factor económico que agrava el problema que intenta resolverse.
Más allá de los números técnicos, lo que preocupa es que la credibilidad social se evaporó. Las instituciones económicas y los responsables de política tienen ante sí el desafío de recuperar la confianza de la población. Sin eso, los esfuerzos por controlar la inflación encuentran límites infranqueables, porque la economía no funciona solo con números: también funciona con expectativas y creencias.
Imagen: https://kaboompics.com/ / Pexels – Con informacion de El Cronista





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